—¿Me creen si les digo que no debimos dejar ir a nuestras mujeres? Desde esta mañana que la vi subir en el carro de Verónica… no sé qué sentí.
—No me jodas ahora con eso, Gustavo.
Comenté, pero yo también sentí lo mismo y por eso pedí el permiso a Any por si tenía que salir si llega el caso. En ese momento sonó un boquitoquis.
—¡Lomando dos amando a papá!
Todos miramos a Arnold, quién muy serio sacaba el aparato y le respondía a Demetrio.
—Comando uno, ¿qué necesitas hijo?
Todos soltamos una ca