Mi celular sonó y era videollamada de mi esposo.
—Lobito, no ha pasado ni media hora, acabamos de bajar las maletas de la camioneta de Arnold.
—Solo quería saber si llegaron bien al aeropuerto. —Tenía a mi hijo metido en su canguro.
—Si amor, ya Arnold salió a buscarlos para irse a Blanco.
—Mira a mamá.
Mi bebé de cuatro meses hizo caritas. Cada día que pasa, le agradezco a la divina providencia el que Kevin llegara a mi vida, dos seres dañados por diferentes circunstancias y ser consciente d