La reunión se había acabado pasada las tres de la mañana, estaba muerta de cansancio por haber bailado tanto. Roland puede que tenga razón, caeré antes y mi necesidad por él aumentaba cada vez más con cada beso.
No me conocía, lo ocurrido en el baño a nadie se lo había permitido, y para vergüenza mía me gustó. ¡Qué!, ¡me encanto! Era demasiado pronto y carecía de fuerza de voluntad ante ese tema de decirle que no.
No en ese sentido, la sensación de mi cuerpo… ¿Me humedecía con solo recordarlo?