Dijo la estúpida esa. Lobo me puso su mano en mi cintura indicándome que debía caminar, me había desconectado, no quería escuchar a esa cabeza hueca llena de silicona hablando.
—¿Cuándo te regresas a Estados Unidos?
—Mañana.
—Entonces nos vamos juntos.
—Eso parece. —Le sonreí—. Kevin. —Se sorprendió cuando lo llamé por su nombre—. No quiero cenar con ellos. —Se acercó a mi oído.
—Lupe, te entiendo, y no hay nada que nosotros odiemos más, que el que sean indiferente. Úsame como quieras.
—Gracia