—¡Ustedes dos váyanse a la mierda! —Se rieron más.
—¡Señor Moreno!
Llamó una enfermera, le saqué el dedo del medio a los dos infantiles que no dejan de joder.
—Soy yo. —Me levanté, llegué hasta donde ella.
—Acompáñeme, alguien quiere conocerlo.
El corazón me latía a mil. Seguí a la muchacha, llegué al lugar de recién nacido, a mi mujer le hicieron cesárea. Había varios y cuando pasaba por esos niños no sentía nada, hasta que vi a un gorgojito enfundado en una manta azul con sus ojos abiertos qu