—Sabes que uno no tiene la certeza si regresa.
Se va a una misión complicada, el labio me tembló y mi impulso fue correr a sus brazos, Arnold me aferró fuerte a su cuerpo, sin duda era una despedida, sentí mil cosas con ese abrazo.
—¿Te puedes morir? —besó mi frente y antes de salir dijo.
—Ya estoy muerto.
Fue un susurro, pero lo escuché clarito. Me quedé en el pasillo mirando la puerta por un buen rato.
—Virgencita de Guadalupe, protégemelo, te lo suplico, cúbrelo con tu manto sagrado y que na