—¿Sigues enojada conmigo Renacuaja?
Me torció los ojos, desde que se fue Aníbal no me ha prestado atención, me dejó comiendo solo y se subió a la piedra.
—Yo entiendo que ustedes se cuenten cosas, pero nuestra intimidad no debe de ser de dominio público.
—Y no lo es, además, ¿por qué le pones tanta tiza cuando ya todos saben que dormimos juntos?
—Mejor me meto al agua, contigo no se puede.
Se quitó la ropa, esta mañana habíamos quedado de venir a bañarnos y por eso debajo de su jean tenía su tr