La miré por un momento.
—¿Te queda tiempo?
Afirmó, miré a mis hijos, estaban profundos en la cama, ya debíamos dejar que pasaran más tiempo ellos solos. Le hice señas, salimos al balcón que daba a los establos. Roland vacunaba a unas reses, estaba haciendo mi trabajo.
» ¿Ves a ese hombre? —Ella me miró.
—Es su esposo. —sonreí.
—Guadalupe, él era el capo de capos en Colombia, si no lo sabías, era un narcotraficante. Se acostaba con ocho mujeres a la semana y no repetía. —El rostro de Lupe me con