Verónica esperaba sentada en unas de las sillas del consultorio, la señora me esperaba. Me temblaba hasta la mierda, estoy que me cago del susto. Entré a ese consultorio como si fuera al matadero —¡¿te ahuevaste?! A caso no has hecho cosas peores en tu vida y ahora estás que te meas ante la posibilidad que te confirmen que serás padre. ¡Ahora si me jodí, nunca he sido un cobarde!
—Buenas tardes, me llamo Saray Jones, señora Sandoval, me decía que no sabe con exactitud el tiempo de gestación. —N