Un susurro me despertó, no me moví, quise escuchar lo que les decía a sus hijos. Estaba a un lado de la cama, acostado de lado, con sus labios pegado a mi vientre.
—Perdónenme, entiendan un poco, he sido un mal hombre en mi pasado. —acariciaba mi vientre—. Aunque yo no sea un santo e hice cosas malas, no quiere decir que ahora no sean importantes, aun así, les quiero decir que su madre es todo lo opuesto, al menos la escogí bien.
» Son unos intrusos en mi vida, y aquí, quiero jurarles que trata