Manolo no deja de reírse de mí, tenía los nervios de punta, he trabajado con hombres por mi profesión, debo dar órdenes a muchos, pero desde que lo vi en el aeropuerto me vuelvo una gelatina con la imponencia de Simón.
Desde lo sucedido con mi padre, cada vez que un hombre se acerca lo suficiente para romper mi espacio personal no me gusta, me da ira que lo hagan, pero con ese hombre de porte militar, alto de ojos y cabello negro como la noche, tiene un par de tatuajes en los brazos, no lo sabí