Se perdió mirando aquel reflejo en el pulcro cristal. Observó con interés aquellos ojos de un color tan sublime. Iris que albergaban una mezcla de colores, pero que ninguno se definía con nitidez. Era una fusión de una extensa gama de colores y a la vez de ninguno. Era tan... extraño.
Ladeó la cabeza hacia un lado y el reflejo imitó su acción. Esbozó una media sonrisa y ocurrió lo mismo: el reflejo lo imitó.
—¿Quién eres? —preguntó a la imagen en un susurro.
Sus labios se movieron a la par y no