Suficiente.
Las horas pasaron y la tenue calma pendía de un hilo, pero logró controlarse. No mas llanto, no más lamentos, no más... nada.
Con ayuda de Nicolás, consiguió darse una ducha y vestir ropas limpias y mientras trataba de no pensar en nada, se sumergió en una ardua tarea de recoger la basura esparcida por todo el departamento.
En algún momento se detuvo y observó a su amigo. Nicolás tenía los ojos hinchados y el rostro rojizo, igual que él. Ambos habían llorado y por más que se resistió a que Nico