'Ya no puedo dejarla ir'.
Una palma agarró bruscamente su puño y el calor de la mano llenó su silencioso corazón. Nollace se sobresaltó un poco. Miró a Daisie, quien se le había acercado mientras estaba aturdido, y sus finos labios se fruncieron con fuerza.
Daisie bajó la cabeza. "Nollace, no me importa si eres perfecto o no".
"¿En serio?". Nollace le rodeó la cintura con los brazos, la estrechó entre los suyos y le levantó la barbilla. Sus labios parecían acercarse a su mejilla, y el aliento