Ese lunes mientras hacía footing junto a Pamela en el parque que está frente a mi casa, alguien se apareció de repente, trotando a nuestro mismo paso, agitado y exhalando fuerte y gangoso igual si echara humo de la boca, visiblemente agotado y extenuado, haciendo denodados esfuerzos para ir al mismo compás que mi amiga y yo.
-No sabía que te gustaba correr-, me dijo jadeando el tipo con dificultad, atragantándose con su respiración acelerada.
Cuando me volví a verlo, me encontré con