Viajé primero a Tailandia en mi avión privado y luego, en Bangkok alquilé una avioneta para trasladarme a la isla. Allí ya me esperaba una comitiva que me recibió con muchos honores, con banda de músicos, waripoleras, mucho público y solemnidad. Nadie hablaba mi idioma, sin embargo sus gestos eran clarísimos y no tuve dificultad para comunicarme. Subí a una limusina donde me trasladaron hasta el palacio donde vivía Supachok. Allí también me esperaban los valet en el porche. Me rindieron honore