Al escuchar estas palabras, Marta respondió con gran disgusto: —Creo que realmente te han lavado el cerebro por ese tipo. Ni en un mes, ni en toda su vida, Juan llegará a ser solamente una persona con una vida medianamente acomodada.
Patricia sonrió muy traviesa y no pudo evitar darle una suave palmadita en el pecho: —Dime si apuestas o no.
Marta rápidamente se cubrió el pecho, entre risas y lágrimas, y dijo: —Está bien, ¿cómo quieres apostar?
—Como dije antes, si Juan se convierte en una figura