Lo que pensaba la camarera, Juan no lo sabía.
Siguió los pasos de la empleada hasta llegar a un pequeño patio.
Lo que El Palacio de los Sabores llamaba habitaciones privadas resultaron ser, en realidad, una serie de jardines interiores.
Este restaurante, que ocupaba varios cientos de acres, tenía tantos jardines que parecían no terminar nunca.
El patio en el que se encontraban en ese momento estaba cubierto de hermosas flores y plantas, creando una atmósfera tan fresca que solo estar allí ya