Tras esas palabras, Juan tomó a Celeste y juntos abandonaron la residencia de la familia Abarca.
Mientras observaban cómo ambos se alejaban, Clarisa lanzo una sonrisa de desprecio y comentó: —¿Escucharon las palabras de ese tipo? Dice que no nos arrepintamos y que algún día le suplicaremos a Celeste que regrese. ¡Qué absurdo eres!
—Tiene razón Clarisa, ¿quién se cree que es? ¿Acaso el comandante general de la Orden del Dragón Celestial?
—Si alguien tiene que arrepentirse, serán ellos. Sin la fam