El amplio salón estaba lleno de personas a su alrededor, todas con la mirada fija en Juan, mientras una docena de armas de fuego le apuntaban al mismo tiempo. La atmósfera estaba cargada de una tensión sofocante.
La abuela Abarca permanecía sentada en su lugar, con una expresión de confianza inquebrantable, como si todo estuviera bajo control.
El resto de los miembros de la familia Abarca esbozaban sonrisas siniestras de un lado al otro, claramente sorprendidos por la escena.
Quirino y Clarisa,