Benigno sabía perfectamente que, si ni siquiera Abdón había sido rival para Juan, él tampoco tendría ninguna oportunidad. Si no cedía en ese momento, lo más probable era que acabara muerto allí mismo.
Así que, sin dudarlo, se inclinó y pidió disculpas.
Al ver esa escena, todos los presentes en la sala quedaron boquiabiertos, incapaces de creer lo que estaban viendo.
El gran heredero de la familia Landa, ¡arrodillado frente a un joven!
Benigno ignoró las miradas de asombro de todos, temblando mi