A pesar de todo, cuando Marta aterrizó en el suelo, escuchó un fuerte crujido proveniente de su tobillo derecho. Inmediatamente, una ola de dolor y aturdimiento la invadió por completo, casi dejándola sin aliento.
Su visión se oscureció de inmediato, y cayó inconsciente en el acto.
El tiempo pasó lentamente, hasta que las frías gotas de lluvia que caían sobre su cuerpo la despertaron asustada.
Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba tumbada en el suelo, y junto a ella se encontraba la