Al volver a ver a Juan, Marta no pudo evitar que las lágrimas cayeran de sus ojos.
No sabía cuántas penurias había soportado durante todo el camino, ni cuántas veces había estado al borde de la muerte.
Pero lo importante era que, al final, había encontrado a su amado hermano Pierdrita.
Sin pensarlo demasiado, Marta, cojeando debido a su tobillo fracturado, comenzó a caminar directo hacia el agua.
Ni siquiera se detuvo a considerar si el río subterráneo era profundo o si había algún tipo de pelig