Tras varias derrotas consecutivas, Salvador perdió por completo la cordura.
En ese preciso momento, lo único que ocupaba su mente era matar a Juan para recuperar el honor perdido.
—¡Palma del Dragón y el Trueno!
Con un rugido bajo, Salvador concentró toda su energía vital en su mano derecha. En su palma, una luz azulada comenzó a brillar de manera intermitente, como si sostuviera un rayo.
Parecía que solo iba a lanzar un golpe, pero en un parpadeo, desató decenas de palmas consecutivas, cada una