Cuando todos vieron claramente el rostro de aquella figura, no pudieron evitar en ese momento exclamar con asombro.
—¡Es Salvador! ¿Ha sido derrotado?
—¿Cómo es posible? ¡Es un maestro consagrado de artes marciales, conocido por años!
Todos miraban asombrados a Salvador, quien retrocedía con torpeza, mientras que Juan, con las manos detrás de la espalda, permanecía firme e inamovible. Sus ojos estaban llenos de una incredulidad absoluta.
Juan, un novato en comparación, había logrado hacer retroc