Fuera del Lago Espejo, un todoterreno se detuvo al lado del camino.
—Marta, ya llegamos al Lago Espejo— dijo atento el conductor mientras bajaba y abría la puerta trasera.
Marta de inmediato descendió del vehículo, observando con desconcierto a su alrededor, y con gratitud, dijo: —Gracias a todos, ya pueden regresar. A partir de aquí, buscaré a Juan por mi cuenta.
—Marta, sería mejor que nos quedáramos contigo. Pelayo nos pidió que nos aseguráramos de protegerte en todo momento— insistió de nuev