El joven soltó un eructo con olor a alcohol mientras observaba aturdido la habitación. Al ver a Marta, sus ojos brillaron de inmediato: —Vaya, qué belleza... Justo mi tipo.
—Preciosa, ven conmigo. Te daré dinero, me sobra.
—Señor, le pido que respete — Fulgencio dijo de manera instintiva, colocándose frente a Marta para protegerla.
El joven le dio una bofetada, soltando una sarta de insultos: —¿Y tú quién eres para meterte? Estoy hablando con la dama, no contigo.
—¡Esto es demasiado! —Fulgencio