Abrió los ojos de golpe, y la escena que apareció ante él lo dejó con una expresión de incredulidad, como si hubiera visto un fantasma.
A lo lejos, en el horizonte, una lluvia de misiles caía sobre su propio campamento. Sus hombres fueron despedidos en mil pedazos, volando por los aires, algunos muriendo al instante, otros ardiendo por completo en llamas.
Aniceto también pudo ver cómo sus francotiradores caían uno tras otro, todos con disparos precisos en la cabeza.
Pero al mirar hacia donde est