—¿Quieres matar a mi hermano y aún tienes el descaro de llamarlo un malentendido?
La voz siniestra resonaba en todo el Panteón de los Ángeles, como si congelara el aire a su alrededor.
En ese instante.
Una figura alta y esbelta, vestida con impecable uniforme militar, con una estrella y una flor en el hombro, apareció caminando lentamente. Su presencia resaltaba evidentemente por la absoluta autoridad que ejercía.
¡Era una mayor general!
Todos los presentes en ese lugar se quedaron boquiabiertos