Aunque hoy era el día en que Juan finalmente saldaría su cuenta con la familia Ortiz, él no mostró ninguna preocupación.
Como de costumbre, desayunó lo que Elena había preparado para él. Luego le pidió que se recostara por un momento para darle un masaje completo, ayudándola a relajar los músculos poco a poco y mejorar así la circulación sanguínea.
—Elena, ¿cómo te sientes ahora? —Juan se arrodilló a su lado y le preguntó, mirándola con una sonrisa.
—Me siento mucho mejor. Mis piernas solían dol