Juan pronunció una orden suave, como si fuera la voluntad de un dios, invocando el trueno y dirigiendo en ese momento el relámpago.
—¡Rrrrumble!
En un instante, el cielo y la tierra cambiaron de color. Un fuerte viento comenzó a soplar y, desde el firmamento, se escucharon fuertes truenos retumbantes.
Todos levantaron la vista apresurados, y vieron cómo se formaban grandes nubes de tormenta en lo alto, de donde emergían sonidos atronadores. Bajo esta abrumadora demostración del poder celestial,