Justo en el momento en que iba a apretar el gatillo, una piedra atravesó el aire y perforó directo su frente.
—Señor. — Luis, asustado, comenzó a sudar frío, dándose cuenta de que estuvo a punto de morir hace un instante.
—Vámonos.
Juan negó ligeramente con la cabeza y se marchó con los tres.
No mucho después de que se fueron, un millar de personas llegaron apresuradas al lugar y lo sellaron por completo, arrestando a todos los que habían presenciado lo sucedido.
Era la familia Ares y Luis quien