Bajo el cielo estrellado, un coche patrulla llegó a toda velocidad justo a la entrada del Panteón de los Ángeles.
Sofía y Marta bajaron apresuradas del vehículo sin detenerse, entrando en el cementerio hasta llegar a unas solitarias lápidas.
Frente a la lápida central, un montón de cenizas de papel, todavía humeantes, se esparcían de forma desordenada por el suelo.
—¡Sabía que vendría a rendir homenaje!
La mirada de Sofía se fijó precisamente en las cenizas antes de levantar la vista y observar