Frente a la mirada asesina de Juan, Ciro sintió que todos los pelos de su cuerpo se erizaban.
Finalmente, el miedo lo invadió cada vez más, retrocediendo unos pasos con el cuerpo tembloroso.
En su rostro se reflejaba la incredulidad y un miedo profundo.
En ese momento tan crucial, recuperó la compostura y gritó desesperadamente a sus últimos hombres: —¡Rápido, abran todas las jaulas, liberen a todos!
Y en ese momento hizo un enorme escándalo con un objeto metálico, y al instante una jaula