—La familia Ortiz no te dejará ir. No solo morirás tú, también Marta y todos los demás.
Al escuchar esas palabras, Marta por fin recuperó el sentido y rápidamente agarró la mano de Juan con fuerza: —Juan, no seas imprudente, por favor. Si lo matas, tú también morirás.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos por la desesperación.
Juan no podía ver llorar a una mujer. Toda su intención asesina se desvaneció en un solo instante, y simplemente arrojó a Pascual al suelo: —Lárgate. Por Marta, te