Ella se sonrojó, balbuceando: —No tengo objeción alguna, ¿me sueltas ahora?
—Así está mejor— Juan la soltó finalmente.
—¡Eres un verdadero idiota! —Marta, apenas liberada, levantó la mano para darle una bofetada.
Justo en ese momento, sonó su teléfono. Era su precisamente secretaria, Rosa: —Presidenta, es terrible, el consejo de administración está en reunión y planean destituirla y elegir un nuevo presidente.
—¿Qué?
El rostro de Marta palideció al instante. Colgó el teléfono de inmediato y, apr