Juan no solo dejó atónita a Eulalia con su feroz bofetada, sino también a los demás accionistas.
—¡Maldito! ¿Quién te crees que eres para golpear a Eulalia? —Un accionista cercano a Eulalia se levantó y lo reprendió con furia.
Los demás accionistas también miraban a Juan con ojos llenos por completo de furia.
Juan respondió con calma: —Marta es mi esposa. Si ustedes planean destituirla, una bofetada es lo mínimo que se merecen.
Eulalia gritó con encolerizada, lanzándose contra Marta: —¡Marta, ma