En ese momento, Marta sintió como que le faltaba el aire.
Los dos roles de Juan, como el campesino que conocía y el médico prodigio, se estrellaban en su mente,.
No podía creerlo.
Ni tampoco aceptarlo.
Pero la realidad estaba frente a ella, obligándola a admitirlo.
Dio varios pasos tambaleantes hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio.
Nunca en sus sueños más locos habría imaginado que el médico milagroso que había estado buscando desesperadamente resultara ser Juan.
Su mente estaba inundada de