Al regresar al gimnasio, Lucio ya había vuelto. Al ver a Juan, se apresuró a recibirlo y lo llevó amablemente al segundo piso.
En el segundo piso, los dos discípulos de Lucio ya estaban despiertos. Aunque sus rostros aún tenían grandes moretones, ambos emanaban una energía vital mucho más densa, lo que indicaba que habían progresado de forma significativa.
En ese momento, la actitud de los dos discípulos hacia Juan había cambiado por completo. Al verlo, no solo lo saludaron de manera respetuosa