—Ruperto, te dije que bajaras al mundo para practicar, no que te metieras en esto. Si ahora puedes escapar, hazlo; ¿cómo puedes dejarte atrapar en algo así? —El anciano habló en un tono regañón.
—Pero, maestro... Ruperto intentó decir algo más.
—Basta, no hace falta seguir hablando sobre este asunto, solo observa. El anciano lo interrumpió.
Juan se encontraba rodeado por la policía, pero permanecía tranquilo, sin mostrar signos de pánico.
Esperaba con paciencia la llegada de alguien importante.