—¿Por qué me lanzas a estos tres inútiles? —Apenas los tres heridos aparecieron junto a Agustín, él levantó de inmediato la voz con evidente molestia.
—Maestro, le pido disculpas. Ellos son mis subordinados, y si continuamos la batalla aquí, temo lastimarlos por accidente. Solo pensé en dejarlos resguardados a su lado, —explicó Juan mentalmente.
Ante esta respuesta, Agustín dejó en ese momento de quejarse, aunque comentó con un tono indiferente:
—Chico, con solo la mitad de tu energía vital dis