Una piedra por diez mil dólares… No tenía sentido alguno hacer algo así, ¿verdad?
Pero, sin importar lo que la multitud opinara, a Juan no le afectaban sus comentarios. Sonriendo, aceptó los fragmentos de piedra que le entregó el dueño de la tienda, y de todos ellos, tomó aquel que contenía la piedra espiritual.
—Señor, ¿le gustaría abrir la piedra aquí mismo? —preguntó el dueño mientras le entregaba los fragmentos.
Juan no tenía intención alguna de abrirla allí; de lo contrario, dada a la natur