No importaba cuánto se intentara subir el precio, al final era una simple piedra sin valor alguno, y el precio no debería de exceder lo pagado anteriormente.
Juan no se apresuró a ofrecer una cifra; en lugar de eso, dejó que fuera Bruno quien propusiera un monto.
—Te lo dejo claro: esta piedra me costó cinco mil dólares. Dejé ahí todo lo que tenía para tabaco de este mes. Si no le subes mil más, olvídate, no te la vendo.
Ante semejante afirmación, la multitud soltó una combinación de risas y sus