—No cierres los ojos Minte, te lo ruego… mantente despierta.
Mis manos se aferran a sus brazos con suavidad, no tengo fuerzas, asiento con la cabeza mientras Ares me ruega que no me quede dormida.
En poco tiempo, el llanto de un bebé llega a mis oídos, ese sonido, ese llanto… me sabe a gloria. Mis ojos se cierran por un breve momento, ese pequeño instante se me hace una eternidad en la que estuve envuelta en la completa oscuridad.
—¡Es una niña! — Exclama feliz la diosa de los partos.
Un suspir