Kolen
No me gusta verla tan decaída. No sé qué me pasa con ella, pero me nace una necesidad especial de protegerla. Es un sentimiento que me sobrepasa. Su mirada llena de tristeza desgarra mi corazón. No puedo permitir que se vaya de mi vida sin al menos intentar curar sus heridas, mostrarle que la vida es hermosa y aunque haya sufrimientos en el camino, vale la pena vivirla.
—Mikeila, tengo heridas en mi alma tan grande como las tuyas. —me mira y veo confusión en su mirada—. Te prometo coser