UN ÁNGEL PARA LA BESTIA. Capítulo 33.
Sí los latidos de Marcelo se hubiesen escuchado en un altavoz, estos retumbarían hasta mandar abajo los muros del edificio, así como estaban a punto de romper con su caja torácica.
La mirada de Gálata tenía lágrimas inundando su vista, las cuales descendieron por su mejilla y ella limpió, este miró al doctor a quien estaba a punto de estrellar contra la pared por no ser claro con lo que estaba sucediendo.
__ ¿Me dirá lo que ocurre o seguirá como...
__ Ven. - lo llamo su mujer extendiendo la ma