La mañana llegó, Keyla la recibió haciendo ejercicio. No le gustaba pensar que no estaba en forma, pues el agotamiento sin ningún motivo la rigió antes y eso de alguna manera le jugó en contra.
No quería volver a pasar por lo mismo, ni verse como alguien a quien tenían que proteger siempre. Era algo que no le gustó jamás y aunque se defendía muy bien, sabía que podía más.
Las horas donde el entrenamiento con Alaya o su esposo no se perdían para nada. Las clases de Marcelo, Braulio o Aarón porq