Las probabilidades eran mínimas, las opciones muy limitadas, pero para alguien que no le gustó nunca recibir o dar "no" como respuesta, no fue difícil encontrar una solución al dilema que se les presentó.
El helicóptero aterrizó en la azotea del edificio, Josep bajó a su hijo y al perro, prometiendo que pronto iría por él, Mateo estuvo más que de acuerdo con lo que escuchó y solo se dejó abrazar unos segundos más, antes de acercarse a su perro, esperando a que Keyla se despidiera de su padre.