—¿Adivina qué olvidé en el auto...? —se detiene frente a mi observando mi expresión afectada—. ¿Qué ocurre?
—¿Una apuesta, todo este tiempo fuí una apuesta? —mis palabras denotan impresión. De todas la personas, nunca creí que él, aquel chico amable que vivía en mi edificio hiciera semejante maldad—. ¡Habla! Dime de una vez por todo que es lo que he sido para ti, no puedo creer. ¡No puedo creer que esto esté pasando, eh!
Grito lanzándole su móvil contra el pecho. En su rostro veo la respuesta,