**SANTIAGO**
Piso el acelerador con más fuerza de la necesaria, sintiendo la vibración del auto extendiéndose hasta mis brazos, hasta mi pecho, como si pudiera arrancar de cuajo esta sensación de impotencia que me carcome.
Mientras sigo manejando mis dedos se cierran con tal fuerza sobre el volante que los nudillos palidecen. Estoy furioso, sí, pero esa palabra se queda corta. Lo que arde dentro de mí es algo más profundo, una mezcla de angustia y frustración que me consume desde adentro.
Andre